Nuestra
sociedad de hoy en día se encuentra en un proceso de cambios que ocurren
rápidamente y no nos dejan espacio para cuestionarlos, o incluso para darnos
cuenta que ocurrieron.
Un
ejemplo claro lo podemos encontrar en la política, esta es mucho más pacifica
que hace unas cuantas décadas atrás, hoy existen partidos políticos que no
tienen como objetivo realizar un cambio dentro del gobierno, aunque este solo
satisfaga las necesidades de una parte de la población y no se preocupe de los
verdaderos necesitados.
Lo
que ocurre en pleno siglo XXI nos
demuestra que nuestra sociedad ha cambiado con el correr de los años, porque si
volviéramos el tiempo atrás un par de siglos veríamos desigualdades,
desacuerdos políticos, lucha de clases sociales, nos daríamos cuenta que los
ricos tenían y hasta hoy tienen gran parte del poder que se necesita para ser
respetado y valorado.
Los últimos aspectos fueron fuente de
inspiración para la gran autora chilena Isabel Allende para retratar en su
libro “La casa de los espíritus” los acontecimientos ocurridos cuando la
Ilustración comenzaba a llegar a nuestro continente y las ideas liberales eran
comunicadas a los obreros más pobres de los grandes latifundios y de las
industrias. Reflejó tal cual los
contraste de las clases sociales que en aquel entonces eran tan, pero tan
diferentes, por un lado estaban aquellos que tenían o creían tenerlo todo, los
tan renombrados ricos o aristócratas, quienes poseían un gran “trozo de tierra”
y muchos peones a su disposición, a quienes por todo ese esfuerzo y esas largas
horas de trabajo, muchas veces sin parar, le pagaban con unos cuantos
“papelitos” de colores, con los cuales solo obtenían alimentación y lo básico
para que su familia pudiera seguir viviendo, o mejor dicho sobreviviendo en
aquel mundo lleno de injusticias, tal como lo quiere demostrar Isabel Allende
con el personaje de Esteban Trueba, un hombre sin escrúpulos que muchas veces
descuidaba hasta a su propia familia para dedicarse a asuntos que le otorgaran
dinero o prestigio.

Por
otro lado estaba la gente humilde, trabajadora, esforzada, honrada (y que
tendría muchos más adjetivos calificativos para describirla). Personas a las
cuales no le interesaba el dinero solo poseer lo necesario para poder mantener
a lo realmente preciado para ellos, su familia. Como en el libro era el caso de
Pedro Segundo García, un empleado fiel al patrón, paro que amaba a su familia.
En
esta obra también aparecen los pobre que querían ser valorados y que para ellos
se dejaron conducir por la ideas revolucionarias de ese tiempo, como el tan
admirado por mí, personalmente, Pedro Tercero García, un joven hijo de Pedro
Segundo que a pesar de estar enamorado de la hija del patrón (Esteban Trueba)
lucho por su amor, porque sabía que su amor hacia Blanca era correspondido, a
pesar de que aquel ya era motivo suficiente para disgustar al patrón decidió ir
más allá y por sus propios medios comenzar a informar a los campesinos de
fundos vecinos acerca de estas nuevas ideas que sin lugar a dudas favorecerían
a los más desamparados.
Si
yo hubiera nacido en una época como aquella creo que sin lugar a dudas habría
preferido ser un pobre, a un rico egoísta que no le importa lo que tiene a su
alrededor, que cree que Dios lo ampara y creo a los pobres para servirles,
díganme ¿qué haría un rico como Esteban Trueba con unos insignificantes
“papelitos” rosados?
¿Sería
capaz de ponerse en el lugar de sus peones o peor aun vivir como uno de ellos?
La
respuesta es definitivamente, ¡NO! Porque él se preocupa en comer en plato de
oro, mientras sus peones comían solo pan o en los peores casos nada, pero él
decía que mientras ellos, sus empleados, o mejor dicho esclavos comieran debían
rendir en el trabajo, pero ¿Dónde está lo demás? ¿Donde está la educación,
donde está la vivienda digna, donde está el alcantarillado, donde está una ropa
abrigadora, donde están las horas de descanso, donde está la salud
y
lo más importante, donde está la felicidad?
Creo que este último concepto lo deberíamos
dejar fuera, porque los ricos mucho dinero y prestigio tendrán pero le falta lo
mas importante en esta vida, conocer siquiera un “poquito” lo que es la felicidad.
Cosa
que Esteban no ha conocido y me aventuro a decir que no la conocerá, odio a la
gente pesimista y que cree que por tener una buena economía, lo tiene todo en la vida, pero no es así.
Escúcheme señor Trueba, no lo tiene todo en la
vida y si no cambia de aquí a que me termine de leer el libro creo que lo
odiaré más aun, y le digo otra cosa, yo creo que aun no soy del todo feliz pero
voy en camino a lograrlo, no como usted que se quedo estancado en la codicia,
le prometo señor Trueba que cuando yo sea realmente feliz me va a envidiar, se
lo juro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario