lunes, 3 de junio de 2013


Volviendo

La vida sigue y mi búsqueda de historias también. Creo que ya llevo en este continente unos cuantos meses, quizás cerca de un año. Esta estadía aquí me ha parecido interminable, pero aun me faltan seis historias, que estoy segura encontraré en algún lugar de Europa, porque si es necesario recorreré todo el continente de extremo a extremo para encontrar aquellas esquivas historia.

Y así lo he hecho, he recorrido, prácticamente todo el continente y un día cuando pasaba por afuera de un cementerio vi un perro que se encontraba solo sobre lo que iba a ser una tumba, tiempo después de aquella situación me enteré que aquel perrito era muy particular y pertenecía a: “María dos prazeres”.







A pocas cuadras de donde estoy viviendo hay unas cuantas pensiones, y en una de ellas habían: “Diecisiete ingleses envenenados”.

Que clima más raro el de este continente, y que rara es la sociedad, cada quien por su lado sin mirar a su alrededor.
Un día, en el cual no tenía nada que hacer me quedé en casa, y tenía todo listo para salir por la tarde, cuando de pronto ocurrió: “La tramontana”, menos mal que no salí y no lo hice hasta dentro de dos días.

Después de ocurrido aquello quise salir a dar una vuelta, recorrí muchos lugares, sin encontrar ninguna historia, ni nada interesante, al volver a casa vi las noticias y en ellas mostraron el caso de una señora que fue titulado como; “El verano feliz de la señora Forbes”.

Mis vecinos son muy simpáticos y tienes unos hijos muy traviesos, que cada vez que sus padres salen juegan con todas las luces encendidas.
Un día, cuando ellos volvían, se  encontraron con una situación muy extraña. Lo que sus padres no entendieron es que: “La luz es como el agua”.
                                     
                     
  La luz y el agua pueden   
 formar una imagen                 
 Maravillosa





Desde aquella rara situación ya ha pasado más de un mes, yo ya me desesperaba, me faltaba solo una historia, una sola para terminar el libro, porque así es, aquellas doce historias se convertirían mas tarde en un libro, escrito orgullosamente por un autor latinoamericano.
Era una tarde fría de domingo, el infierno en este lugar del mundo ya había comenzado y como era de esperarse la nieve había caído sin cesar por unos cuantos días. Aquella tarde no nevaba, pero si el suelo estaba cubierto de esa fría sustancia blanca, caminé y caminé durante un largo tiempo, sin imaginarme jamás que unos cuantos metros más adelante encontraría: “El rastro de tu sangre en la nieve”.



Aquella noche cuando volvía  a casa me di cuenta que esa iba a ser una de mis mejores noches, porque dormiría con la ilusión de que al día siguiente podría sacar pasajes de vuelta a América.
Al día siguiente me levante muy temprano, más temprano que nunca, a eso de las 05:00 hrs porque ya no podía dormir mas, las ansias de viajar no me dejaban en paz, disfruté esa mañana como nunca lo había ello en aquel lugar, la sola idea de volver a mi casa me llenó de felicidad, pero lamentablemente para mí se desmoronó cuando llegué al aeropuerto y me enteré que todos los vuelos estaban suspendidos por el mal clima.
Maldito clima yo estaba a solo unas horas de volver a mi tan querida y anhelada tierra y aquella nieve me quitó todas las esperanzas, casi todas, porque a pesar de todo no me rendí, todos los días me levantaba temprano para ir al aeropuerto a ver si la situación de los vuelos se había normalizado, pero nada. Estuve repitiendo esa rutina por unos cuantos días, seis o siete u ocho, creo que ya perdí la cuenta, solo sé que fue alrededor de una semana, pero que para mi pareció eterno.

Ya no podía resistir la espera, aquello era algo desesperante, todas las noches rogaba a Dios que todo se normalizara para poder volver a mi lugar, del cual quizás nunca debí salir, porque hasta eso me cuestioné, porque tuve que salir de mi país y de mi continente a buscar nuevas historias diferentes, si mi región está llena de lindas historias, tal vez eso fue, necesitaba comparar la calidez de mi lugar con la frialdad del nuevo continente, no digo esto porque me guste discriminar, sino porque en estos momentos lo único que quiero es irme de aquí.

Una noche, en la cual rogué a Dios como nunca tuve un sueño muy extraño, soñé que veía a toda mi familia feliz, celebrando, pero sin mí, yo les hablaba pero no me respondían. Desperté muy asustada, queriendo más que nunca ver a mis padres y a todos mis seres queridos, y fueron solo esos deseos los que me hicieron llegar nuevamente hasta el aeropuerto, y adivinen que: los vuelos se habían normalizado, yo no podía mas de felicidad, tenía ganas de gritar, pero no pude, antes de que lograra reponerme de aquella emoción me informaron que los vuelos estaban saturados, no podía ser, yo era y aun soy una mujer fuerte, pero aquello era mucho, me senté y lloré, lloré de rabia, de frustración, de odio, de tristeza, de compasión, me compadecí a mí misma, sentía desdichada, solo, sin fuerzas para seguir, fue entonces cuando se me acercó una señora, una ancianita que me sonrió y me preguntó que me pasaba, yo como pude le conté mi historia e hice énfasis en lo último, en mi viaje arruinado. Ella me dijo que casualidad y unas cuantas cosas más, porque ese momento comprendí que tenía mi mismo acento y que viajaba hacia mi país.
Me ofreció amablemente su pasaje porque mejor ella iba a esperar a su hijo que venía viajando desde Italia. Finalmente me dijo con la misma sonrisa con la cual me saludó: “tu lo necesitas más que yo”.
Le respondí que sí, que necesitaba volver a mi lugar.
Me despedí de ella y me fui corriendo a mi casa a empacar mis cosas sin importarme la lluvia.
Llegué a casa a eso de las 14:00 hrs y debía apurarme, mi vuelo salía a las 20:00. Comencé a empacar mi ropa, mis recuerdos de Europa, mi borrador de lo que sería el libro, no podía quedárseme lo que había venido a buscar. Arregle todo, limpie la casa y devolví la llave del que había sido mi hogar en Europa, solo en ese momento comprendí que irse de un lugar produce nostalgia y más aun cuando uno permanece allí alrededor de un año.

Me fui al aeropuerto por última vez, pero ahora me fui en taxi, porque seguía lloviendo y no quería llegar empapada.
Cuando despegó el avión recordé cuando aún era pequeña y soñaba con viajar por toda Europa, hoy, cuando creo que ya he aprendido el verdadero sentido de la vida lo único que quiero es volver a mi querida e inigualable Latinoamérica.
Y así fue, llegue y fui muy bien recibida por todos. Le entregué el borrador de las historias a García Márquez, quien lo publicó con el titulo de: “Doce cuentos peregrinos” poco tiempo después.
 Al tener en mis manos el libro fui a buscar a la señora que me había ayudado a volver a mi tierra, y aunque les parezca extraño la encontré de inmediato, le regale el libro, le agradecí nuevamente y ella me dijo: “los latinoamericanos somos afortunados, porque tenemos grandes autores, somos solidarios, amables y no tenemos fronteras, todos juntos formamos

Si quieren saber cuáles fueron las doce historias por las que me desviví en Europa lean el libro G.G.Márquez. y nunca, pero nunca traten de dejar, ni mucho menos de olvidarse de donde vienen, porque estoy segura que ese es el lugar más bonito del mundo.
 
                                           


Desde afuera Latinoamérica se
ve dividida por países...










Nosotros la vemos asì
una sola,
unida por sus habitantes.

2 comentarios:

  1. Fany me encantó este texto ! Siempre me ha gustado como escribes, pero debo decir que te pasaste, super original, una excelente invitación a la lectura. C:

    ResponderEliminar
  2. PS: Y tienes razón después de tanta Europa lo único que quiero es¡ mi casa ! jajaja

    ResponderEliminar